Nuestra crisis sistémica II – Los precedentes políticos y económicos

Bueno, amigos, sigamos desgranando esta mierda de crisis que nos lleva locos. La hipótesis de trabajo es que lo que tenemos entre manos es una crisis sistémica como un castillo, así que una buena forma de comprobarlo sería acudiendo a los precedentes históricos.

En Occidente tenemos tres.
Uno fue la desintegración del Imperio Romano, que dio paso al feudalismo.
Otro, la crisis de ese feudalismo, que dio paso al absolutismo.
Y el último, el desmoronamiento del absolutismo, que a la postre llevó al gobierno del capitalismo democrático que tenemos ahora.

Habría que explicarlas las tres pero el post será interminable y desviado del tema de fondo, así que haremos lo siguiente: como ya dijimos que una crisis sistémica está compuesta por muchas “monocrisis”, vamos a coger cada una de ellas y las vamos a comparar por separado. Perdonad la extensión de éste post pero las dos primeras se entienden mejor juntas.

1) CRISIS ECONÓMICA: Significa que el método por el cual se redistribuye la riqueza del sistema hace aguas.
A) ROMA: La economía del imperio romano se basaba en el esclavismo. Invadían territorios, aculturizaban a la mitad de la población y a la otra mitad los secuestraban y vendían. Una vez no se pudieron conquistar más territorios, la entrada de esclavos cayó. Los nacimientos de esclavos eran inferiores a las bajas. Y el edicto de Caracalla, con el que se le dio a todo cristo la ciudadanía romana, fue una huída hacia adelante: se recaudaron muchísimos impuestos empobreciendo a una amplia clase social, que sin embargo ganaba en derechos en un momento en que la base esclavista del sistema empezaba a erosionarse. Y como en esta economía el peso de la riqueza es un ser vivo, cuando vienen plagas y hambrunas, tu “dinero” se muere. Al final, claro, colapsó.
B) FEUDALISMO: La economía feudal era esencialmente rural, y estaba fragmentada en manos de los nobles. Las constantes guerras y el crecimiento poblacional provocaron cambios sociales: crecieron las ciudades, se abandonó el campo, y se consolidaron nuevas clases sociales: burgueses, artesanos, gremios, mercaderes, prestamistas. El trueque empezaba a ser inservible, se necesitaba dinero en metálico, y el eje de ese dinero se desplazó del campo a la ciudad, dejando a la nobleza feudal con el culo al aire. Aparecía el protocapitalismo. Pero como los nobles dificultaban la tributación, el peso fiscal se repartía cada vez peor. ¡Iban como locos rascando dinero! Por ejemplo, en las ciudades bajomedievales, el precio de la vivienda subió hasta cotas equivalentes a las de hoy en día. No es una broma: Guy Bois lo demostró en su libro “La gran depresión medieval: el precedente de una crisis sistémica”, publicado el año 2000 y cuya lectura recomiendo a todo bicho viviente.
C) ABSOLUTISMO: En el derrumbe del absolutismo no se percibe una crisis económica. El capitalismo es el motor, y la gasolina el imperialismo: se conquistan naciones subdesarrolladas y se les explotan los recursos naturales y humanos para conseguir productos que vender en Occidente a un buen precio. Por supuesto que hay debacles, cagadas, castañazos capitalistas puntuales que, sumados a otros problemas, ayudarán en la caída de ese absolutismo (que se lo pregunten a la cabeza de Luís XVI, si no), pero la estructura económica base no cae, porque aún quedaban naciones por explotar, y formas más eficientes de hacerlo.
D) HOY: En el siglo XXI se ha acelerado el colapso del capitalismo, y esto no es una opinión: tienes las pruebas cada día, en los periódicos. E, igual que en la edad media, las élites van como locas sacando dinero, hasta el punto de encarecer los pisos a niveles extraterrestres, hacernos pagar por aparcar en una vía por cuyo permiso de circulación ya hemos pagado, o proponer el copago de un sistema sanitario con la excusa de que es deficitario (¡claro que lo es! ¡Es un jodido SERVICIO a tu gente, no una putísima EMPRESA que deba dar beneficios!). La base social se empobrece y unos pocos se enriquecen a su costa. Se han juntado aquí varios problemas. El primero es que, ahora sí, no quedan muchas más naciones por explotar en el mundo. Y existe cierta vergüenza internacional, es decir, uno ya no puede desembarcar en un país, invadirlo, y reventarlo alegremente. Hay que buscar complicadas mentiras que al final se descubren (por ejemplo, el timo de las armas de destrucción masiva en Iraq) o carambolas lingüísticas de la ONU y la OTAN (como el flagrantemente interesado apoyo a los rebeldes libios).  El segundo problema es que muchas de las naciones anteriormente explotadas se han desarrollado y, de hecho, se han sumado al carro del consumo. Es decir, menos pastel para más comensales. Y hay un tercer problema: que somos ya millones de consumistas locos, y el planeta, sencillamente, no puede soportarlo. Contaminamos demasiado, masacramos todos los recursos y explotamos a todos los que se dejan. Queremos comprar cosas, y que sean baratas, y eso sólo se consigue bajando la calidad o explotando a niños, así que nos quejamos de lo primero y cerramos los ojos a lo segundo. Apretando el culo hasta el final. Puesto que no hemos conseguido colonizar ni la Luna ni Marte (por suerte), el capitalismo ha encontrado el mismo límite que en su momento tuvo Roma, y que destrozaría al feudalismo. Por este método, ya no hay de dónde sacar.

2) CRISIS POLÍTICA: Ésta implica que el sistema de gobierno aceptado empieza a fallar y se enfrenta a enemigos con otras alternativas posibles.
A) ROMA: Su sistema político era el imperialismo. Roma era un monstruo demasiado grande como para perder el tiempo en deliberaciones, así que un sólo tío tomaba todas las decisiones y a tomar por culo. Más rápido. Pero la tecnología de comunicación de la época (galera y caballo) limitaba la efectividad e hizo falta crear un aparato burocrático tan inmenso que sepultó al propio gobierno. La corrupción campó a sus anchas, y la figura del emperador pasó de intocable a risible. La anarquía militar del siglo III fue un despiporre, cada semana aparecía un nuevo emperador. Nadie se los tomaba en serio, cualquier batallón perdido nombraba emperador al que les saliera de los huevos, y ya está.  El Emperador se convirtió en prescindible, así que durante los dos siglos siguientes todo el mundo se burlaba de la sacrosanta figura. Aparece de nuevo la represión: poetas exiliados, cárcel para disidentes, que no chiste ni Dios. Por supuesto, silenciar la disidencia no sirve de nada, porque la disidencia activa sólo es la punta de lanza de una masa social descontenta. Así que al final la élite imperial cae.
B) FEUDALISMO: El hecho de que la economía se desplazara a las ciudades dejó a los nobles feudales en mala posición. En la Edad Media existen reyes, pero son un “primum inter pares”, el primero entre iguales. Pero los reyes intentaron consolidar su poder, y conforme la nobleza les era cada vez menos útil, y ellos sacaban tajada del protocapitalismo urbano, su fuerza creció y, poco a poco, se consolidó a la nobleza como un PUNTAL para el rey, y no como un freno. Hubo revueltas sociales, y la élite feudal reaccionó igual que la anterior: con represión y abusos de poder. Lo que en Cataluña se llamó “malos usos”, por ejemplo: medidas e impuestos arbitrarios y surrealistas para exprimirle a esos cabrones de campesinos hasta el último céntimo. ¡Todo pa nosotros! Así que las revueltas se intensificaron, aunque estaban desorganizadas y había demasiadas guerras en marcha como para que aquello derivara en revolución. Al final, el monarca absoluto fue percibido como la solución a los abusos de la vieja élite.
C) ABSOLUTISMO: Siglos después, fue evidente que los monarcas absolutos no servían para casi nada. Serían rápidos tomando decisiones, pero esas decisiones eran una mierda la mayor parte del tiempo. Además, como prima hermana de la vieja élite, la monarquía absoluta tenía un deseo de riqueza y poder que, inevitablemente, se reflejó en la explotación social. Nuevamente, se endurecieron las posiciones, creció la disidencia y con ella la censura y la represión. Intelectuales marginados o exiliados, cárceles llenas de mataos… Pero la gente estaba mucho más organizada gracias a la imprenta y a la concentración humana en las ciudades. Los poderes económicos abanderaron la revuelta social (¡el liberalismo! ¡Qué bien sonaba!) y empezaron las revoluciones. La inglesa demostró que una nación podía derrocar a un monarca. La norteamericana rompió el molde: por primera vez en la historia occidental, el “pueblo” decidía gobernarse a sí mismo a una escala quasi-continental. Se creó un nuevo concepto de país, lo que le daría un empujoncito a la revolución francesa. Ésta es la que más ha calado como icono, ya que con ella, la democracia se acabó de postular como forma justa de gobierno. A lo largo de los siguientes siglos los monarcas absolutos caerían para dejar paso a los parlamentos.
D) HOY: Los políticos civiles se han convertido en profesionales, lo cual, aunque parezca contradictorio, es malísimo. La política no es una profesión, es un servicio comunitario de coordinación. Un ciudadano que se mete en política, se supone que lo hace para, con sus conocimientos, ayudar al desarrollo y la coordinación de la sociedad. Un político profesional, como cualquier especialista, aspira a ser el mejor en lo suyo. En este caso, el poder. Esa ligera distorsión en el concepto ha provocado la corrupción de una clase que esperábamos incorruptible. Y la codicia ha sido su propia perdición, porque, con el ansia de generar (y ganar para sí) dinero, se han puesto en manos de los mercaderes que empezaron a mover ese dinero en la Edad Media. Los poderes económicos ayudaron a destruir el sistema feudal porque les convenía. Derrocaron reyes para meterse ellos mismos en el gobierno. Y a día de hoy, han conseguido derrocar a los parlamentos y gobiernan Occidente a pijo sacao. Por favor, que nadie diga que es una exageración. Aunque nos resulte increíble, está ocurriendo todos los días. Zapatero dijo públicamente que “hay cosas hoy en día que un gobernante no puede hacer”, o algo así. En Grecia, un presidente acojonado ha comentado que antes de aplicar ciertas políticas a su gente haría un referéndum y toda la élite se le tiró al cuello, casi le escupieron, y luego le derrocaron. Hoy mismo, 30 de noviembre, Alicia Sánchez-Camacho ha dicho que “convocar referéndums sólo genera inestabilidad”. Italia, más de lo mismo. Se cambian leyes y se reforman constituciones para “calmar a los mercados”. Estas son las palabras exactas. Es decir, el poder se ha radicalizado, y la disidencia ha crecido. Y la reacción de las élites ha sido la misma de siempre: represión (antidisturbios) y censura. Huelga francesa apretándole los huevos a Sarkozy, brutalidad policial en EUA, combates en Grecia, fuego en Londres, espionaje en las redes sociales… Y aquí… Aquí páginas web del 15M fueron vetadas por un misterioso error en bibliotecas de Madrid. PP y PSOE quisieron meter las narices aún más en RTVE. Una concentración de ciudadanos pidiendo auxilio social en una plaza se ha convertido en una amenaza que hay que dispersar. Como hoy día la violencia excesiva no es aceptable, y la censura descarada tampoco, se utiliza mucho la burla, la mentira, y el desprestigio. Por ejemplo, la pantomima de Artur Mas entrando en el parlamento en helicóptero (hablaremos de ella en el post dedicado a la crisis en España) o comentarios de Bonos, Aguirres o Roucos varios.

Podemos decir, pues, que a nivel económico nos acercamos, si no estamos ya, en los requisitos de límite que hundieron los anteriores sistemas.
A nivel político, nuestras actuales élites han perdido su sentido y su utilidad inicial, igual que los anteriores sistemas. Se han corrompido de la misma manera. E, igual que sus antecesoras, se enfrentan a una creciente disidencia con represión, censura, y desprestigio, provocando más disidencia.
Sólo con estas dos coincidencias, yo ya estoy acojonadillo.
Pero es que hay muchas más. Hablamos de ellas otro día.

Anuncios

3 comentarios en “Nuestra crisis sistémica II – Los precedentes políticos y económicos

  1. Genial,cristalino. No puedo decir mucho más, salvo que me encanta la idea de que las cosas cambien. Soy un poco suicida y estos momentos en la historia me parecen muy interesantes, tengo mucha curiosidad por saber como acaba o empieza todo.
    Saludos y ánimo.

  2. En la película aquella de “Master and Commander” sueltan una frase que me gusta mucho. Están ahí flipando con el nuevo diseño de los buques, tiene consigo al médico-científico ese explicándole cosas, y el protagonista menea la cabeza y dice: “en qué época tan fascinante vivimos”.

    Yo me siento exactamente igual que tú, e igual que Ruseel Crowe jejeje. Por un lado, acojone: me parece evidente que todo se nos va por el water, esto se acaba. Pero por otro… ¡madre mía, es muy emocionante!

    Ya ni siquiera se trata de la política: la filosofía y la ciencia están corriendo tanto que yo, que ni siquiera he cumplido los treinta, a veces ya me siento obsoleto. Como persona, es un honor poder contemplar este momento tan vivo. No tenemos ni puta idea de qué estará ocurriendo aquí dentro de otros treinta años, y sólo eso ya me da unas enormes ganas de vivir e indagar.
    Claro que también nos supone una responsabilidad.

    Bueno, un saludo Cintia, nos vemos!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s