Nuestra crisis sistémica I – Introducción

Hola amigos. Hace tiempo que le voy dando vueltas a escribir un artículo general sobre esta crisis, puesto que mucha gente sigue considerándola económica y, por tanto, superable. Yo creo que es una crisis sistémica, y que nos encontramos en un vórtice histórico ineludible.
Como las consecuencias de una crisis sistémica son demasiado brutales, no me atrevía a lanzarme al ruedo con mensajes alarmistas o pajas mentales varias. Además, me sorprendía que no salieran más historiadores a decirlo. Pero visto que ya están saliendo algunos advirtiendo de la magnitud del problema, será cuestión de poner todos los indicios sobre la mesa y preguntarnos, de verdad, qué cojones nos está ocurriendo. Puesto que el tema es largo, lo desarrollaré a lo largo de varios post. Éste será meramente introductorio.

1) LA FUNCIÓN DE LOS HISTORIADORES
Tradicionalmente, un historiador es un gandul que no pudo entrar en ninguna otra carrera y que, por el motivo que fuera, la terminó. Y luego entró a currar en un banco, en una librería, o puso un bar.
Tradicionalmente, en España nadie hace caso de los historiadores. Como no tenemos un método firme y nos matamos unos con otros, cualquier persona sin la más mínima noción de lo que está diciendo se siente fuerte para contradecir a un historiador. Así, tenemos que escuchar gilipolleces como cuando Aznar decía que el 11M no fue una venganza por la guerra de Iraq sino por Al-Andalus; o como cuando Pujol se inventó la corona catalano-aragonesa. Sólo por poner dos ejemplos. Es normal esta informalidad, desde el momento en que dos libros de Historia de España publicados el mismo año pueden decir cosas totalmente opuestas. Eso es porque muchos historiadores se han vendido, o porque sus tendencias políticas les hacen percibir la historia sólo desde sus convicciones. Pienso ahora en los fanáticos de la II República, o en los franquistas convencidos, que defienden a capa y espada sus dos modelos de control sin asumir que ambos fueron una PUTÍSIMA MIERDA.
Pero un historiador es mucho más, y quizá el mayor problema de esta crisis es que sólo hablan economistas y abogados. Y una situación tan grave requiere de historiadores, porque somos nosotros los que hemos dedicado nuestra vida a estudiar el pasado desde todas sus facetas: economía, religión, pensamiento, política, tecnología, sociedad, y un largo etc. Todavía no tenemos un método incontestable (aunque estamos trabajando en ello) pero ya hemos percibido que ante ciertas problemáticas vitales, las sociedades reaccionan de formas similares. No estoy diciendo que “la historia se repite”, porque eso es una simplificación errónea. Sólo digo que las tendencias existen. En los siguientes posts entraremos en esas reiteraciones.
Un último apunte sobre nosotros: es mentira que nos dediquemos al pasado. Y si lo hacemos, es un error. La historia no es sólo una narración detallada de lo que ocurrió. Nuestra OBLIGACIÓN es volver al presente y aplicar todo lo que aprendimos de nuestros errores. En realidad, un historiador es lo más parecido a un futurólogo, y aunque siempre digamos que la predicción histórica es imposible, creo que no lo es. Sólo que aún no hemos conseguido cambiar nuestro paradigma.

2) CRISIS ECONÓMICA, CRISIS SISTÉMICA
Lo primero que hay que hacer es definir “sistema”. Un sistema, en el tema que nos ocupa, es el conjunto de la coordinación humana de un territorio determinado. El sistema incluye a los habitantes, su moral, su religión, sus relaciones familiares, su política, su economía, su arte, su educación, etc. De aquí en adelante, ésta será la acepción de “sistema” que utilizaremos.
Muy bien. Lo segundo, es distinguir los diferentes tipos de crisis. Porque, ¿cómo vamos a enfrentarnos a ésta, si ni siquiera sabemos cómo se llama?
Decimos que se desata una crisis cuando, en un sistema, hay uno o más elementos que fallan, que se salen del guión, o que desaparecen.
Las más habituales son lo que yo llamo las “monocrisis”: situaciones de inestabilidad provocadas por un sólo elemento desviado. Una crisis del petróleo, por ejemplo, o aquí en España, enseguida pensaríamos en la crisis del ladrillo. Estas “monocrisis” no suelen ser fatales. Hay algo de angustia, pueden incluso provocar una guerra, pero normalmente la cosa queda en un merdé económico que al final se solventa. Una crisis puntual rara vez acaba con un sistema: le obliga a modificar ciertos aspectos, o puede que ni siquiera modifique nada. Pasa y nos olvidamos. ¿Alguien hoy en día se acuerda de la OPEP? Y sin embargo, en su momento, todo el mundo estaba acojonado…
Ha habido casos en la historia en que una monocrisis ha liquidado un sistema entero, pero son muy raros: podría ser el caso de Tartessos, que se desarrolló gracias al comercio con Fenicia y, cuando ésta cayó, arrastró consigo a los tartésicos, que no tenían a quién venderle su mierda. (Con todo, lo de Tartessos está aún en estudio).

El problema lo tienes cuando, en un mismo espacio de tiempo, se juntan dos o más crisis. Ésta suma de inestabilidades puede provocar cambios de gobierno, largos periodos de depresión, y de rebote avances sociales importantísimos. Pero tampoco varias crisis juntas suelen acabar con un sistema. Los sistemas consisten en una intrincada relación entre las élites que ostentan el poder, y la masa social que se organiza como las élites deciden, y esta relación no es fácil de romper.

Ahora bien, ha habido momentos en la historia en que la deriva de los acontecimientos ha unido en el tiempo muchas y muy variadas crisis, imposibilitando así la supervivencia del sistema, que acaba cayendo. Es lo que se llama “crisis sistémica”, y no es un resfriado social. Ni siquiera es una viruela social. Es un puñetero cáncer social metastatizado, es una muerte casi segura.
El problema de las crisis sistémicas es que duran demasiado tiempo, digamos, dos siglos, incluso más. Esto hace que sean dificilísimas de detectar para sus contemporáneos, que asisten atónitos a un mundo que se desmorona, y ni saben cómo ha ocurrido, ni qué hacer para evitarlo.

En la próxima entrada hablaremos de las grandes crisis sistémicas occidentales, y en la última, si no se me va la mano, del caso concreto español.

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14 comentarios en “Nuestra crisis sistémica I – Introducción

      1. Sabes que ocurre ? Soy parte de la historia, como todos los seres humanos, pero cuando lees a alguien que la cuenta como es, porque la sabes de boca de los que la vivieron, como yo que soy vieja, lo de la Putisima Mierda, es una descripcion “Brillante ”’ ” chico. Un abrazo.

  1. Muy bueno, todavía estoy llorando de la risa con la función de los historiadores…aunque el tema es como para no reírse…Estoy deseando leer la segunda parte.
    Saludos

  2. Hombre, estimado colega, hagámonos valer un poco más. Mira mi caso. Todo el día trabajando en lo nuestro y aún saco tiempo -aunque sea robándoselo al sueño y al ocio, que no al negocio- para publicar todos los viernes, gratis et amore, por la Buena Justa Causa, un comentario de prensa semanal que, encima, ilustro de propia mano tratando de ver el lado divertido, caústico, de la cosa. Tan vagos no somos, ¿no?. Echa un vistazo a la edición de hoy 28 de noviembre en http://elespigadordigital.wordpress.com que, creo yo, te puede ayudar un poco en este noble empeño de explicar la crisis, como bien dices, sistémica.

    No hace falta que le demos muchas vueltas, el Capitalismo ha fracasado. Franklin D. Roosevelt lo salvó de su muerte segura en los años 30 del pasado siglo con el New Deal.
    Después el enfermo dijo que no, que los comunistas le habían echado dronja en el Colacao con eso de la Economía mixta y siguió a lo suyo, dándose a los excesos y la mala vida, lanzándose, otra vez, again and again, a la vorágine del Gran Casino Wall Street, jugándose, el muy ludópata, lo suyo y lo nuestro. Así hasta que le ha dado el mismo telele que le dio en el crack del 29.
    El problema ahora es echarle el lazo, llevarlo a la clínica de desintoxicación y conseguir que no se vuelva a escapar de allí. Más que nada para que los demás -los seres humanos normales, los que nos conformamos con vivir, pasear por el campo, recoger florecillas en primavera, etc…- podamos seguir viviendo en relativa paz y calma.

    He dicho.

    Un saludo.

    1. Estimado Espigador… ¡qué alegría conocerte y qué gran blog el tuyo! Suscrito desde ya.
      Esto que dices es muy cierto, pero sabes lo poco extendida que está la idea todavía. Hordas y hordas de gente esperando a ver quiénes y cuándo mejorarán las cosas, cuándo volverán los crucerillos a plazos, la compra de pisos (esa bonita paradoja según la cual una vivienda es el único objeto que, contra más viejo se hace, más caro se pone) etc.
      Cincuenta blogs hablando de ello son pocos, la verdad. Hacen falta miles.

      Muchas gracias por tu acertado comentario y por el enlace de tu blog. Lo sumo a la lista de los links que pondré el día que aprenda cómo cojones poner links en wordpress. Aunque parezca mentira, aún no lo he conseguido. Pero estoy en ello.
      Un saludo y bienvenido!

  3. Te sigo desde que te escuché en un programa de madrugada en RNE, tanto en tu anterior experiencia (Literatura torcida) como en la presente, y me sorprende lo claro que lo tienes para ser “tan joven”. Simplemente, magnífico. Ojalá sigas mucho tiempo publicando esas tus ideas, que hacen reflexionar en serio, pero con una sonrisa.
    Un saludo,

    1. Madre mía Pedro, recuerdo aquel programa, con Jordi Tuñón. No sabía ni lo que me pescaba porque venía de empalme. Recuerdo que una señora se enfadó un poquillo porque era fan de la literatura romana y yo no sé ni lo que dije, pero siendo romano, no sería bueno, seguro!

      Gracias por tus palabras, me honra que hayas llegado aquí desde Literatura Torcida, con lo rápido que quité el enlace hacia este nuevo blog. Tenía la sensación de que a mucha gente de allí esto les parecería un peñazo o, directamente, un cagada.
      Lo dicho, gracias y un saludo. Y sobretodo, bienvenido!

      1. No te sonrojes. WordPress es un misterio. Por ejemplo, cómo pudiste decir ayer nada sobre tus comentarios cuando, en teoría, si yo no los apruebo, no aparecen? Y los he aprobado ahora mismo! Yo no me entero de nada con esta mierda de blog. Los comentarios son un jaleo, a veces mando respuestas que nunca llegan. Y aún no he aprendido a poner la columnita de enlaces de interés. Soy un desastre.
        Pero, eso sí, ten presente que aquí no se borra ni un solo comentario, por ofensivo que sea. ¡En realidad las batallas dialécticas son muy divertidas! Así que si alguna vez ves un comentario tuyo desaparecer o reaparecer, no me lo tengas en cuenta: seguramente la habré cagado de nuevo tocando el botón equivocado.

        Un saludo!

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