Oslo 2011: ¿Deberíamos leer a los sociópatas?

El atentado terrorista de Oslo, perpetrado por Anders Behring Breivik, ha vuelto a poner sobre la mesa el viejo debate sobre si las ideas de un sociópata debe conocerlas la opinión pública o no. Se ha hecho durante años con el libro de Hitler, Mein Kampf, y ahora se pretende hacer con el manifiesto de Breivik. Un manifiesto de unas mil quinientas páginas donde desglosa su pensamiento político y pone a caer de un burro cualquier atisbo de sentido común humano. Y hablo de sentido común. No hablo ni de “tolerancia”, ni de “multiculturalidad”, ni de chorradas. La tolerancia, la fusión y la multiculturalidad no son una opción, son una necesidad biológica.
Pero hay que asumir que una parte importante de la población europea sigue apoyando, suscribiendo o generando pensamiento humanófobo. Los teóricos son los menos. Lo más corriente es tenerle manía al moromierda, o al chinorri de la tienda, porque… pues mira, porque me sale de los cojones. Porque huele mal, o no entiendo qué me dice, o mira raro, o porque he leído en el periódico que nos están quitando el trabajo. Y ya hemos llegado a los medios de comunicación.

En estos medios, ha ocurrido algo muy interesante con el manifiesto de Breivik.

Por un lado, los comentarios de los lectores de todos los diarios online del país (La Vanguardia, el País, la Razón, Público, el Mundo, el Periódico, etc) son en su mayoría favorables a que no se le dé cuerda a Breivik. El argumento es razonable: es evidente que ese tío quería la máxima publicidad posible para sus ideas, así que no dársela parece la opción adecuada. Eso mismo ha dictaminado el juez en Oslo, impidiendo el juicio público y en abierto a Breivik. Sin embargo… ay, sin embargo, es muy interesante leer los argumentos de Breivik. También es interesante leer el libro de Hitler. Esconderlos, a veces, equivale a cerrar los ojos, a decir “estaba loco” y pensar que algo tan horrible no puede volver a ocurrir. Pero ocurre, constantemente. El mundo está lleno de hijos de puta, y no leer sus ideas demenciales no equivale a erradicarlas. Equivale, simplemente, a no querer verlas. Pienso que una sociedad lo suficientemente madura debería ser capaz de mirar a los ojos al horror.
Me planteo la lectura de estos textos como un sistema de detección y prevención contra el cáncer. Se me ocurría esto al leer declaraciones de Breivik sobre España y Zapatero. Que si el 11M, que si Al-Andalus, que si nos quieren reconquistar, que si una mujer en el ministerio de Defensa, que si la inmigración… y, de nuevo, la sabiduría popular ha hablado en los comentarios de los lectores. Muchos han sido los que al leer estas declaraciones, han reconocido los mismos argumentos que manejan constantemente desde la derecha española, tanto a nivel político como de medios. Vamos, que un Breivik podría haber participado como tertuliano en Intereconomía, por ejemplo.
Saldrá algún troll diciendo que eso es una exageración, que es como llamar terroristas a los de Intereconomía, y por tanto soy yo el fascista blablabla.
Relájate, troll.
No estoy diciendo que los de Intereconomía sean terroristas. Digo que el discurso que empleó este terrorista de extrema derecha es el mismo discurso que se utiliza en muchos medios (prensa, radio, televisión) del país. Léase Intereconomía, César Vidal, Pío Moa, ABC, La Razón, Libertad Digital, y un largo etcétera. Esta mañana escuchaba una tertulia en la COPE, de camino al trabajo, y sonreía ante la evidencia: todos los de la tertulia estaban muy “indignados” con el atentado, era algo horrible, sin duda, fruto de la locura, ese hombre era un inestable, un enfermo. La idea que querían transmitir a sus oyentes era clara: que este atentado no tiene nada que ver con la derecha, que era una infeliz casualidad.
Pero no es una casualidad. Breivik no se volvió loco de pronto, cogió una ametralladora que encontró por ahí y se lió a matar gente sin ton ni son. Breivik planeó con cuidado el atentado y el objetivo, y ha buscado la máxima repercusión mediática. Y Breivik estuvo en política, en la extrema derecha noruega. Breivik tenía una ideología y una motivación concreta que le llevaron a cepillarse a unas noventa personas, muchos de ellos chavales. Era una ideología nacionalista, cristiana, racista y de derechas. Es TERRORISMO DE DERECHAS. Digámoslo bien alto y que no nos tiemble la voz. Sí amigos: podrían haber más entre nosotros. ¿Quién te asegura que un día no estaremos unos cuantos reunidos en una plaza hablando de política y nos acribillará un psicópata ultraderechista? Los mismos argumentos pueden provocar reacciones parecidas. Eso no es muy difícil verlo.
Por eso me ha encantado leer parte del manifiesto de Breivik, lo poco que ha dado la prensa. Es una forma utilísima de detectar un bultito, un bultito que tienes que controlar, quizá analizarlo, biopsiar, no sea que lo que parecía un quiste de grasa resulte un cáncer mortal.
Entiendo que se quiera prohibir ante el miedo de que otro lunático tome el testigo y la líe en otra parte. Pero si no podemos acceder a las fuentes originales, podemos caer en las redes de los medios con muchísima facilidad. Deberíamos aprender a juzgar nosotros mismos. Deberíamos ser una sociedad crítica. Cuestionarlo todo.

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8 comentarios en “Oslo 2011: ¿Deberíamos leer a los sociópatas?

  1. Completamente de acuerdo. Para criticar hay que conocer, y para conocer hay que leer. El Mein Kampf es un delirio surrealista de un tipo encarcelado, pero leyéndolo se pueden llegar a comprender las paranoias que se le pasaban a Hitler por la cabeza. No se hace ningún bien a la humanidad ocultando los pensamientos de estos tipejos. Lo que pasa es que algunos no se acaban de creer que un cristiano devoto pueda estar zumbado. Los zumbados son universales, están en todas partes. Árabes, judíos, cristianos, ateos… da lo mismo. Ésta masacre es un toque de atención a Occidente. A ver si aprendemos de ello.

  2. Voy a atreverme a decir una barbaridad: hay que volver a implantar la censura. Piénsenlo: hay tipejos como Federico Jiménez Losantos y compañía que llevan décadas haciendo daño y lo único que les ha pasado es que les han puesto una multita y ellos a lo suyo. Habría que empezar a castigar con penas de prisión ciertos delitos de “opinión”. Ciertas “opiniones” pueden costarles la vida a las personas. Es mejor la censura que el asesinato.

    1. Hostia, qué interesante lo que planteas. Yo le he dado muchas vueltas al tema, y no lo tengo nada claro. Por un lado, tienes toda la razón del mundo, utilizar los medios para caldear a las masas es algo que no debería permitirse. En la segunda república empezaron igual y mira cómo acabaron. Ahora bien, sabemos que históricamente, la censura sólo ha provocado mayor interés por lo censurado. Porque la gente siente curiosidad por algo que han prohibido y lo escuchan con más interés aún. Además, en el mundo digital, no hay censura posible, todo acaba saliendo. Para mí el problema es de fondo. Es decir, el problema no es Jiménez Losantos, sino la gente que le escucha, le lee y le cree. En España conviven dos corrientes de pensamiento tan opuestas que, sencillamente, nos resulta imposible comprendernos, eso ha ocurrido durante siglos y eso vuelve a ocurrir ahora tras unos años latente y adormiscada. Si algo bueno tuvo la entrada en la Unión Europea es que, de alguna forma, tuvimos que mirar hacia afuera, y el país se desarrolló rápido gracias al dinero europeo. Ahora que lo estamos pagando, ahora que Europa nos decepciona, volvemos a mirarnos a nosotros mismos, y la incomprensión vuelve a surgir.
      Censurar a Losantos y compañía, sólo provocaría las iras de su legión de seguidores, al menos en mi opinión.
      Ellos siempre se escudan en la libertad de expresión. De hecho, hacen un uso de la palabra LIBERTAD que me repugna, porque se han apropiado conscientemente de su connotación positiva para justificar su tiranía mental.
      Mediante ese discurso libertario-liberal, se cargan de razones aunque sea mentira, o injusto. Es decir, no podemos quejarnos de cómo se censuró a la izquierda durante el franquismo si nosotros censuramos a la derecha ahora.
      En realidad el problema parece irresoluble: si censuras, potencias el mensaje y caldeas a la gente, pudiendo provocar violencia. Si no censuras, el mensaje se esparce y caldeas a la gente pudiendo provocar, de nuevo, violencia.
      Yo creo que a medio-largo plazo funcionaría bien una buena pedagogía política. Una buena educación también, claro, pero sobretodo hacer esfuerzos, gestos, que se vean ganas de cooperar, que no todo sean palos en las ruedas, como ahora, que da vergüenza. Cada nuevo mítin nos pone más en ridículo. Es cosa nuestra, de los ciudadanos, intentar cooperar con nuestros vecinos, explicar que no somos monstruos, que creemos en nuestra idea por esto, por aquello y por lo de más allá.

      La demagogia da votos y presidencias. Pero la pedagogía civil podría acabar con la lucha izquierda-derecha, lo cual nos beneficiaría a todos.
      Mientras nos sigamos viendo como enemigos, será difícil esquivar la violencia. Si hay que hacer algún esfuerzo, yo empezaría por ahí.

      Vaya rallada, pero es que gustó mucho tu comentario.
      Gracias y bienvenido!!

  3. Estoy de acuerdo contigo. Ocultar la información es a mi modo de ver hacer como la avestruz cuando percibe un peligro. Y eso no nos va a salvar, ni a nosotros, ni a la avestruz.

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