59 segundos: un buen programa

Le estoy cogiendo el gusto a esto del Twitter. Te enteras de un mogollón de cosas en cinco minutos, ganando así tiempo para profundizar en las que verdaderamente te interesan. En fin, yo no veo la tele casi nunca, y me perdí este espléndido programa de 59 Segundos. Es una hora y media, así que el que no lo haya visto, que se tome un ratito, o se espere a tenerlo.

Me han llamado la atención los dos bloques de personas que aparecen. Por un lado, tienes al de la juventudes del PP y al de las del PSOE, y por otro a todos los demás. Los primeros, acabaron enzarzándose cada dos por tres en discusiones tontas de partido, de esas que ya no le interesan a nadie. Una miniversión de peperos y sociatas ya clásicos, de Rajoy y Rubalcaba. Era muy frustrante, era como ver a unos futbolistas alevines queriendo jugar como el primer equipo, en un estadio lleno de aficionados al beisbol. Desconcertante. Los otros dominaban claramente la escena, en especial el de Attac, la chica de DRY y el incomparable Pau García-Milà, que se paseó por el plató como Pedro por su casa. Entrecortando los bloques, interesantes entrevistas y encuestas callejeras con personajes muy cachondos (como uno que parece que se haya metido tres rayas de coca, u otro que iba de acompañante con una cara de pena descomunal).
Pasada la media hora se dio una interesante discusión sobre responsabilidades en todo lo que está ocurriendo.
Buen mensaje: la culpa, ¿de todos? Uno argumenta que tenemos nuestra parte de culpa: esto se veía venir y no nos lo hemos currado. Acomodados.
Olga, de DRY, discrepa: ojo, que a muchos nos han engañado.
Y también es cierto: no sabemos de economía, y uno tiende a creer que sus gobernantes quieren lo mejor para ellos. Confianza ciega, así vivimos en general. Uno tiene líderes para dejarse llevar por ellos. Hemos de reconocer que los ciudadanos, si lo miras fríamente, no vivimos la vida que queremos. Vivimos la que hay. La que se nos impone. Y nos dejamos llevar, a veces con alegría, a veces renegando en voz baja. La mayor parte del tiempo ni siquiera lo pensamos. Sólo nos levantamos y nos vamos a currar, o a buscar faena, o a hacer la compra mirándonos hasta la última oferta. O a llevar y traer a los niños del colegio.
Una vez lo admites, te sientes un poco avergonzado. Sabes que es tu “derecho”, eso de dejarte llevar. Pagas por ello. Y eso te hace sentir como un gandul. Pagar impuestos no es un servicio a cambio de comodidades, no es como irse a dar un masaje o a que te hagan una mamada. Es nuestra pequeña contribución a que este país sea algo decente, bueno para su gente, e incorporándose al futuro. Que ya está aquí, lo tenemos a las puertas.
Es decir, todos tenemos parte de responsabilidad en la gestión del país. Normalmente nos bastamos con el voto, pero lo que está ocurriendo aquí desde Mayo de 2011 está poniendo al rojo vivo la implicación de la gente. No es que hayan nacido de pronto miles de rebeldes. Es que hasta ahora todo el mundo lo pensaba en silencio, como un fugaz pensamiento masturbatorio. Y, de repente, parece que no es tan malo hablar. La prueba es este programa de 59 Segundos. Hace cinco o seis años era impensable un debate así. Todos trabajaban por su cuenta y costaba llegar a la opinión pública.

En fin, cuando la discusión sobre el problema inmobiliario acabó salpicando al PP por su innegable papel en ello (tras un más que previsible ataque del joven sociata), el joven pepero hizo un magistral cambio de tema según el cual había que reformar el sistema educativo. Ese intento tuvo gracia, aunque por suerte la presentadora estaba más que preparada y le metió en cintura (y, de nuevo, en el tema) con una sonrisa inflexible. Y bueno, el pensamiento de partido era tan claro y cristalino que resultaba casi insultante.  ¿Qué ha sido de la autocrítica sincera y el pensamiento propio? Aunque hay que reconocer que al final del match al del PP se le vio más suelto. En todo caso, ambos recibieron lo suyo.
A lo mejor son prejuicios por mi parte, vale, lo admito. Pero es que es muy jodido estar en julio y tener que presenciar ya actos de campaña electoral. ¡Joder, si lo que deberían hacer sería suprimirlas, o limitarlas estrictamente a la presentación del programa!
En todo caso, el buen humor de Pau García-Milà (que parecía que se hubiera fumao un petilla, estaba la mar de a gustico) se acabó contagiando entre todos ellos y como resultado, un debate la mar de sano e interesante. Y divertido.
En fin, un buen programa

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