Un pensamiento desconcertante

Empezar a ir al banco cada tanto a pedir monedas de un céntimo. Hacerte con una buena provisión, digamos, yo qué sé, cien, doscientos euros. Qué coño. Quinientos. A lo largo de todo el año, sin prisas. Con calma. Todo el país almacenando moneditas de un céntimo. Esas mierdecitas que parecen una pila de reloj, que no valen para nada.

Las alarmas saltarían enseguida, porque, aún haciéndose poco a poco, los peces gordos detectarían un importante incremento de solicitudes de moneda de un céntimo.

Seguirían la pista de sus ciudadanos. Eso sería divertido. “¿Qué coño hace toda esa gente con moneditas de un céntimo?”, se dirían unos a otros, confundidos. “¿¡Qué demonios está pasando aquí!?”.

Fijar una fecha nacional con el twitter de los cojones. Y a partir de ese día, pagar todas las multas de tráfico, impuestos jodidos y sanciones en ventanilla, con moneditas de un céntimo. Romper los rulos y llevar la cantidad exacta en una bolsa del mercadona, o quizá en un saco. O una funda de almohada. Llegas allí y le das la bolsa al pobre tipo que te observa desde el mostrador del banco o de la oficina, o de la jefatura de policía.

Te disculpas con él y le haces saber que no es nada personal. Que el hecho de que tenga que pasarse la siguiente media hora contando doscientos catorce con sesenta y ocho euros en moneditas de un céntimo no es por joderle a él en concreto.

Es posible que te maldigan. Pero el desventurado currito/funcionario trocará ira por desesperación cuando vea una larga cola de ciudadanos cabreados, armados con sacos y calcetines y bolsas de plástico llenas de moneditas infernales.

Colapsar el sistema. Dejar a esos cabrones de políticos desarmados y confusos. Todo el país pagando con céntimos, funcionarios cogiendo bajas por depresión/estrés de forma masiva. El remate final sería que esos mismos funcionarios entraran en la broma.

Joder, no sé ni cómo podrían hacerlo, pero tendría que ser algo espectacular. Algo en plan: te cojo la bolsa de los céntimos, la doy por buena para que te vayas, y yo me toco los cojones durante media hora. Luego le digo al jefe que he tenido mucho céntimo que contar y que por eso no sale el papeleo.

¡Hostia, cómo nos reiríamos! ¿Sospecharían los jefes que sus empleados les están pegando el palo? Me imagino a un superfuncionario controlando a sus muchachos para ver si cuentan las monedas o no. Parece que lo hagan pero… ¿puede estar seguro? No, no puede. Así que hace que unos cuenten las bolsas de los otros, pero esos bastardos siguen diciendo que sí, que está todo bien. Y en realidad… ESTÁN TOCÁNDOSE LOS HUEVOS. Pensando en sus cosillas. Compinchados.

¡VICTORIA!

Sembrar el desconcierto. Que no te vean venir. Es posible todo esto no sirva para nada, pero la prensa internacional se hará eco. A mí se me ha ocurrido esto al leer una noticia sobre un tipo al que han detenido precisamente por pagar multas en céntimos. Imagínate una portada del Washington Post: “los españoles se ríen del gobierno pagando sus impuestos con monedas de un céntimo”. Sí, harían tanto el ridículo que se verían obligados a abrir una embajada en Facebook y preguntarnos qué coño queremos.

Y el caso es que ya hay gente que hace lo de las moneditas.

Bueno, me voy.

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