POLÍTICOS DESAGRADABLES I: FELIP PUIG

En el mundo de los políticos (para cualquier troll que tenga tentaciones de etiquetar al personal de forma imprudente y precipitada, cuando me refiero a “los políticos” no hago distinciones entre partidos, porque los partidos son parte del problema) existen los primeras espadas, aquellos que salen siempre en la prensa dando la cara, o cagándola, o urdiendo planes rocambolescos. Y luego están los políticos de segunda fila, los que hacen el trabajo silencioso. A veces por voluntad propia, a veces por azares del destino, uno de estos políticos se ve lanzado al estrellato. Y ese ha sido el caso de Felip Puig, conseller d’Interior de la Generalitat (el equivalente catalán de Rubalcaba, por así decirlo), personaje desconocido para el resto del país, e incluso para muchos de aquí. No porque no haya ocupado cargos, sino porque nuestra memoria política es muy breve, nos quedamos con los presidentes y poco más, a saber por qué. Este es el hombre:

¿No tiene un delicioso aire al Joker?

Felip Puig es un político de raza y carrera. Empezó como todos, en política local, para luego ir retrepando y ocupando decenas de cargos uno detrás de otro, pam pam pam, como un campeón. Con Pujol estuvo en el gobierno en diferentes consejerías, catando un poquito de medio ambiente, un poquito de obras públicas… y como a casi cualquier político que alcanza un alto rango, le han salpicado escándalos de forma más o menos lateral: el hundimiento del túnel del metro en el Carmel (que dejó un bonito agujero negro de treinta metros en el centro de Barcelona) o las veladas acusaciones de Maragall al supuesto 3% de comisiones que se había llevado el gobierno anterior (cuando Puig, siempre en CIU, manejaba el cotarro de obras públicas). Como casi siempre en política, la mierda de unos tapó a los otros, y todo siguió igual y muchos años después, Felip Puig volvió a la primera línea política catalana como hombre de confianza del viril Artur Mas.

Y después de todos estos azares, llegó el salto a la fama. Los indignados de plaza Cataluña llevaban ahí la tira de días haciendo sus asambleas y luchando por mantener todo aquello dentro de unos límites cívicos más que correctos. Siempre que he estado no he notado ni un mal olor ni he visto mierda por ningún lado. Hay desechos, claro, pero recogidos o eliminados con sentido común y bastante eficacia. Y hay algunas papeletas por el suelo, algunas colillas, poco más. Quiero decir, joder, todos hemos caminado por mercadillos infinitamente más guarros.

Sin embargo, en la mente de Felip Puig se gestaba el terror a las plagas. “¡Las plagas están ahí, Felip!”, le decía la vocecilla, “¡En toda esa gente acampada! ¡Esos sucios perroflautas!” (este término se ha puesto de moda de la noche a la mañana y no sé quién ha sido el que disparó su popularidad, ¿alguien lo sabe?).

Para Felip, era evidente que aquella plaza infectada debía sanearse. Sí. Bien limpia.

Nunca sabremos qué más pasó por su cerebro antes de dar la orden de desalojo. Muchas voces (implicadas, como los que recibieron porra, o interesadas, como los partidos de la oposición) acusan a un velado deseo de desalojo simple y llano. Me estáis tocando los huevos y yo voy y os saco porque me sale de los mismos, y además os jodo las CPU a ver qué mierdas andáis diciendo:

Fotografía de Danny Caminal para El Periódico

Felip Puig y su equipo, por su parte, han cimentado su defensa con los siguientes puntos:

1)   “Había problemas de salubridad en la plaza, que entrañaban riesgo de plagas”. ¿Qué coño se creía que iba a surgir de ahí? ¿La Peste Negra? ¡Temblad, mortales! ¡Ha llegado… la plaga!

2)   “¡Los manifestantes también eran violentos!”. Claro:

¡¡¡Patada voladora!!!
Manifestante poseído por el espíritu berserker intenta moderderle los dedos a un antidisturbios
Quitad esas sábanas. ¡Los culés podrían hacerlas explotar!
Vigilad a ese niño. Hay algo inquietante en sus ojos, creo que ha sido entrenado por ETA
-¿Qué es todo este ruido y estos disparos? -Debe ser por las rebajas, acábate el cruasán y bajamos a mirar

(Estas fotografías fueron hechas por Danny Caminal, Albert Bertran y Guillermo Moliner, entre otros. Podéis encontrarlas, junto a muchas otras, en este enlace de El Periódico, donde se paso se ríen de Puig por sus quejas de que las fotos no muestran la violencia de los acampados. Si hay algún copyright incorrecto o algún problema de derechos hacedmelo saber, please)

3)   “¡Que se lo pregunten al mosso que tiene los dedos rotos!”. El problema no es que tenga los dedos rotos. Es que le has enviado de cabeza a un marrón donde a) se puede hacer daño él mismo, b) puede hacer daño a otras personas, y c) puede encontrarse con gente realmente violenta, que también existe. Lo cual demuestra, nuevamente, que la orden de limpieza fue una cagada, porque no había ninguna necesidad.

4)   “Había objetos peligrosos como ordenadores y bombonas de butano”. ¡Claro que sí! ¡Todo el mundo sabe que la gente, lo primero que hace cuando su equipo gana la Champions, es explotar bombonas de butano para matar a sus amigos! Bueno vale. Aceptamos que algún pirao piense que reventar bombonas y arrojar ordenadores sobre las cabezas ebrias de los culés es divertido. Se puede ir allí y explicar el peligro, puesto que los mismos acampados estaban debatiendo sobre si pedir ayuda a las autoridades o no por la posible celebración. Pero hubo un obstáculo insalvable…

5)   “No pudimos dialogar con ellos porque no tenían un líder”. ¡Ésta es para enmarcar! Amigo, los que están en la plaza, básicamente, se dedican a hablar. Yo soy tímido por naturaleza y he entablado conversación con gente allí, no sé ni cómo. Te los encuentras. Por todas partes hay gente charlando, para mí esto es lo más curioso y hermoso (aunque a veces sea desesperante) del movimiento. No me trago que hayan ido ahí preguntando por la comisión responsable de la infraestructura del campamento y no la hayan encontrado, ni a la de comunicación, ni a la de cocina, ni a ninguna otra a la que explicar el riesgo que entrañaban tales objetos. Por otro lado, es una declaración de gran belleza simbólica: en un movimiento basado en el anonimato y la voz general, un cabecilla seguía buscando a su homólogo, aunque ese homólogo, por definición, no podía existir.

Después de tan admirables declaraciones del conseller y allegados, uno siente deseos de reír: al momento de desaparecer los mossos, los acampados se reorganizaron en unos nueve segundos. Mucha gente del barrio colaboró: la cocina se llenó de provisiones en dos segundos, llegaron cartulinas y pinturas para nuevos carteles, se sacaron de la manga unas plataformas en los árboles, y todo el tenderete estuvo de nuevo montado. Con objetos peligrosos a montones: palés, vallas, maderos, cubos, botellas. Los propios acampados lo recogieron todo (igual que, imagino, habrían hecho sin el Puig-asalto) al acercarse la hora del partido. Montaron un cordón extraño que por lo que parece evitó la entrada de algunos folloneros. Cataluña se mantuvo en calma y los Mossos pudieron focalizar su atención en la calle Pelayo, donde, ahí sí, parece que había unos cuantos bronquistas tocando los cojones. Una de esas cosas que no comprendo: ¿a qué viene lo de romperlo todo cuando gana el Barça? ¿No estás contento? ¡Si son noches perfectas para echar un polvo!

Tras la intervención estelar y sus impagables declaraciones posteriores, Puig se enfrentó a otra evidencia: la de que los antidisturbios no iban debidamente identificados, tal como marca la ley. Lo cual se supone que es una medida con cierta lógica, porque garantiza una mínima defensa ante una posible agresión injustificada. Cuando todo el mundo se lo hizo notar, Puig declaró lo único que alguien con su sentido del humor podía declarar: que “se lo tapaba el chaleco”.

“Pues cósele el identificador al chaleco, tonto del culo” es lo primero que uno se ve tentado a decir, pero faltaba el remate final: “me estoy pensando si no sería conveniente derogar esa ley”.

¡Claro que sí, joder! ¿Para qué tener leyes molestas que nos impidan actuar con impunidad total?

En fin, que toda la operación de limpieza de Felip Puig no sirvió para una puta mierda más que para catapultarle al estrellato. Y, de hecho, revitalizó un movimiento que empezaba a desaparecer de la prensa a un ritmo alarmante.

Por lo que yo sospecho que Felip Puig es un… ¡Indignado Encubierto! ¡Nuestro hombre en la Generalitat! Así que en nuestro grupo de Indignados Encubiertos (más adelante, supongo, explicaré lo que son) podemos inscribir ya a este insigne político que se ha alzado como icono de todo lo tonto de este país.

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